Diario

Esther: descubrir que la salud comunitaria no se hace en solitario

Después de más de 30 años trabajando como enfermera —y una década en el ámbito comunitario—, Esther podría pensar que ya lo ha visto casi todo. Sin embargo, su paso por el laboratorio le ha abierto una mirada que, en sus propias palabras, ha sido “muy enriquecedora”.

Esther trabaja en el centro de salud de su zona desde hace tres años. Su trayectoria es larga, pero aun así reconoce que este espacio le ha permitido redescubrir algo fundamental: la salud comunitaria no se puede construir desde un solo lugar.

“Estamos viendo que nos estamos mezclando profesionales de distintas áreas, todos con un mismo objetivo: mejorar la salud comunitaria”, explica. Y ahí está, precisamente, uno de los principales aprendizajes: entender que lo sanitario es solo una parte de algo mucho más amplio.

Durante el laboratorio, una de las cosas que más le ha sorprendido ha sido conocer mejor a otras personas y recursos del territorio. “No sabemos realmente lo que hacen los demás… y estamos todos con el mismo objetivo sin conocernos”, reconoce. Ese desconocimiento, tan habitual en el día a día, empieza a romperse cuando aparecen espacios para encontrarse y compartir.

También destaca el valor de poner nombre y rostro a esa red que ya existe: asociaciones, profesionales del ámbito social, educativo… “He ido conociendo gente y recursos que no conocía, y eso ayuda a poder unirnos un poco más”.

En cuanto al trabajo realizado, Esther tiene claro que lo que se ha empezado a construir tiene recorrido. “Estamos pasando de algo muy general a concretar objetivos, y eso es fundamental”, señala. Para ella, ese aterrizaje es clave para que las ideas no se queden en el aire.

Y va un paso más allá: “Tiene muchísimo impacto en la población”. Especialmente porque conecta con una forma distinta de entender la salud, más centrada en la prevención y en el trabajo conjunto con la comunidad. “No solo ver la enfermedad, sino poder prevenirla”, resume.

Como en otros testimonios, aparece una idea que se repite: esto no puede quedarse aquí. “Me gustaría que pudiésemos seguir… realizarlo y mantenerlo”, dice con claridad. Porque el reto no es solo diseñar, sino sostener en el tiempo.

La experiencia de Esther refleja algo importante: incluso quienes llevan años trabajando en lo comunitario necesitan espacios para reencontrarse, actualizarse y volver a conectar con otras personas.

Y cuando eso ocurre, lo que parecía conocido se transforma en algo nuevo: más compartido, más conectado y, sobre todo, con más capacidad de impacto real en la vida de las personas.