En los procesos comunitarios hay algo que se repite: profesionales que llevan años trabajando en el territorio descubren que, a pesar de compartir objetivos, muchas veces lo hacen en paralelo. Sin apenas espacios para encontrarse, coordinarse o pensar juntas.
La experiencia de Mercedes, trabajadora social en los servicios sociales de atención primaria en la zona de General Dávila, conecta directamente con esa realidad.
Su paso por el laboratorio ha sido, como ella misma resume, “muy, muy positiva”. Pero más allá de la valoración general, hay una idea que aparece una y otra vez: la necesidad —y el potencial— del trabajo en red.
“Se hace evidente que nos falta coordinación, nos falta contacto, nos falta poner en común lo que hacemos… estamos cada una en una isla”, explica. Y es precisamente ese aislamiento el que espacios como este empiezan a romper.

El laboratorio no solo ha servido para encontrarse, sino también para aterrizar. Para pasar de las ideas a la práctica. “Me llevo el trabajar la planificación, el definir objetivos y aterrizarlos en actuaciones”, señala, poniendo en valor algo poco habitual en el día a día profesional: parar y pensar colectivamente cómo hacer mejor las cosas.
También destaca el valor de compartir con otras personas del territorio: “tener esta visión tan amplia de todo lo que estamos haciendo entre todas”. Una mirada que amplía, conecta y abre nuevas posibilidades de colaboración.
Desde su experiencia previa en trabajo comunitario, Mercedes lo tiene claro: las acciones que nacen de estos procesos, aunque sean pequeñas, tienen impacto real. “A lo mejor no llegas a muchísima población, pero tiene mucha importancia en la vida de algunas personas, y eso ya es suficiente”.
Ese impacto no siempre se mide en grandes cifras, sino en cambios concretos: personas que participan por primera vez, que se implican, que preguntan cuándo se repetirá una actividad. Señales de que algo se está moviendo.
De cara al futuro, su deseo es claro y directo: que lo que ha empezado aquí no se quede en algo puntual. “Me gustaría que pudiéramos formar una red que se mantenga en el tiempo y trabajar de manera conjunta”.
Porque, como ella misma resume, dar ese paso —del trabajo individual al comunitario— lo cambia todo: “es multiplicar los beneficios y llegar a muchas más personas”.
Y en ese camino, Mercedes lo tiene claro: quiere seguir formando parte.