Arrancamos la tarde trabajando. Una veintena de personas nos acercamos al Barranc del Poio, a la altura del puente nuevo, para retirar lo que todavía queda tras la DANA. En apenas una hora llenamos más de 20 bolsas, y vimos bidones de aceite, escombros y otros restos que llevaban allí semanas, quizás meses. La gente de Neta, Verda i Viva (iniciativa de los CLER) lo resume perfectamente: «No és el meu fem, però sí el meu poble». Me gusta mucho esa frase. Dice mucho de quién éramos y por qué estábamos allí.
Pero también vimos lo que falta. Bajo el barro siguen enterrados residuos que, si no se sacan, acabarán llegando a l’Albufera. Por eso la actividad fue también un aviso: necesitamos una limpieza en profundidad, y las administraciones tienen que ponerse manos a la obra.

De vuelta a la plaza, montamos varios puestos para que peques y mayores aprendieran jugando. En el espacio de Natura i Cultura hicimos un experimento sencillo para entender por qué es tan importante la vegetación para que el suelo absorba el agua, y descubrimos cómo funciona la cuenca del Barranc del Poio. Con Cor de Terra hablamos de emergencia climática y echamos un vistazo a publicaciones ecologistas. Los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción explicaron su trabajo y cómo sumarse a lo que hacen.
En nuestro puesto, desde Farmamundi, pusimos una ruleta de la suerte que te llevaba a diferentes pruebas sobre salud planetaria. Hubo risas, dudas y algún que otro «esto no lo sabía».




En cada stand dábamos un cuño, y quien completaba el recorrido se llevaba de premio el libro La vidriola de Mariola. Me hizo ilusión ver a varias familias marchar con el libro bajo el brazo. Ojalá lo lean en casa y sigan aprendiendo sobre cambio climático de manera divertida.
También hubo teatro. La Matallina representó con marionetas Anem a buscar un tresor, basado en el cuento de Janosch. La historia de Ós y Tigre buscando «lo mejor del mundo» nos dejó pensando: ¿y si lo mejor ya lo tenemos cerca?

El cierre corrió a cargo de la banda El Globo, que convirtió la plaza en una pista de baile con un concierto muy especial. La música salía del Escenario Solar, alimentado con energía captada por placas solares. Bailamos canciones como Ska de los sueños, Lo bueno o Para beber, que hablan de nuestros modelos de consumo, los placeres sencillos y ese deseo colectivo de construir un mundo más justo.
Las personas que impulsamos Reconstruyendo l’Horta Sud damos las gracias a todas las familias, niñas, niños, vecinas y vecinos que vinisteis; a quienes os pusisteis los guantes para limpiar el barranco; a las entidades que compartisteis vuestro saber; y a todas las personas que hicisteis posible esta jornada.
Gràcies, Paiporta. Continuem construint una Horta Sud neta, verda i viva!